Pura Vida | Hasta que la muerte los separe es mucho
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Hasta que la muerte los separe es mucho

Hasta que la muerte los separe es mucho

Si todavía no estás casado(a), y comienzas a desesperarse por ello, detente, toma los siguientes minutos, has una reflexión sincera.

Si estas casada (o) y quieres salir corriendo… Detente. Escucha el tema de hoy PQEB… y piénsalo bien, evitarás viviendo una de las más grandes catástrofes que la vida puede traer: un mal matrimonio o un divorcio innecesario. Comentarios del Dr. Edwin Lemuel Ortiz, basado en un articulo original del Dr. Creflo Dollar.

Si usted tiene más de 25 años, y es soltero (a); existe la posibilidad de que haya sentido presión para casarse. Tal vez ésta provenga de padres, bien intencionados, quienes ya anhelan tener nietos. Quizá venga de amigos que ya están casados, y creen que usted también debería estarlo.

Es posible que se haya sentido presionado por sus propias inseguridades cuando se ha preguntado: “¿Qué me pasa? ¿Es la manera en que me peino? ¿Soy demasiado gordo(a)? ¿Soy demasiado delgado(a)? ¿Por qué no estoy casado(a) todavía?”.

Como pastor, puedo asegurarle que muchos cristianos están cayendo en esa clase de matrimonios. Se casan con la persona equivocada, por las razones equivocadas. Los mitos matrimoniales los engañan; por tanto, quedan decepcionados, desilusionados; y a menudo, llegan al punto del divorcio.

Mito No. 1: La cura de la soledad

El primero de esos mitos es la creencia que el matrimonio pondrá fin a la soledad. Una mujer soltera tristemente engañada por este mito, escribió lo siguiente:

«Lo que más odio en la vida es estar sola. A cualquier parte que volteo, veo parejas. Parejas en la televisión, en los automóviles, en los aviones, en los restaurantes, en los parques; parejas…parejas…parejas. Por todos lados se me recuerda que me encuentro sola. Me pregunto si algún día encontraré a una persona que llene ese vacío en mi corazón».

Hijo(a) de Dios, si alguna vez llega a pensar de esa manera, son señales de advertencia de que está deseando que suceda algo que un matrimonio nunca le podrá dar. El matrimonio no soluciona la soledad del ser humano. Existen muchas personas casadas que se encuentran desesperadamente solas, y que podrían asegurárselo.

Observe que Dios creó a las personas para que anhelen entablar dos niveles de intimidad con respecto a sus relaciones interpersonales. Obviamente, una de ellas es el deseo de una relación sincera y de confianza con un amigo o un cónyuge. Pero el segundo es aún más grande: el anhelo de emprender una relación auténtica y de madurez con Dios.

Se le ha dado mucho énfasis en conocer a un posible cónyuge, creyendo que esa persona llenará el vacío dentro de nuestros corazones. Pero esa persona no podrá logarlo. Tal vez llene un espacio dentro de su casa, pero no el vacío de su corazón.

Sólo Jesús puede llenar su corazón

No existe nada de malo en buscar una pareja, pero esa persona no es la cura para la soledad. Sólo Jesús es la solución. Esa relación debería guiarlos a ambos —y como individuos— a un crecimiento íntimo en su relación con Dios. Cuando Él se vuelva más fuerte en sus vidas, individualmente, experimentarán una plenitud que nunca antes habían vivido.

En Juan 10:10, Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia». Recuerde lo siguiente: Sólo Jesús puede darle vida en abundancia. Únicamente Él puede brindarle una vida tan plena que dejará a un lado la soledad. Esa persona de cabello rizado que le mira a los ojos no lo hará por usted.

Entonces, antes de que se precipite en una relación con alguien con expectativas que jamás podrán ser suplidas, sumérjase en una relación profunda con Jesucristo. Construya un fundamento sólido en Él.

Mito No. 2: El salvavidas

Muchos creen que el matrimonio sanará su roto corazón. Ellos se sienten heridos y piensan: “Si tan sólo encontrara una pareja, me sentiría mejor”.

Si u sted piensa así, entonces medítelo una vez más. Un hombre o una mujer que se ahogan en el dolor emocional y se aferran al matrimonio como a un salvavidas, le abren la puerta al desastre. He visto cómo ocurre una y otra vez. Un día, el cónyuge que juega el papel de salvavidas, se pondrá de pie y le dirá: “Por favor, ¿podrías retirarte y darme un poco de espacio?”.

Entonces, su pareja interpretará esa petición como otro rechazo, abandono o insulto. Y cuando ellos reaccionen a esa amenaza, estallará el caos en el matrimonio.

Los matrimonios saludables no se pueden construir en fundamentos destruidos. Los cónyuges no pueden sanar corazones rotos ni estropeados. Sólo Jesús puede realizar esa clase de operación en el corazón.

Por tanto, si se encuentra herido, atormentado con sentimientos de inferioridad y temor a ser abandonado; no se aferre a una persona, sino a Jesús. Desarrolle una relación personal con Él, y descubrirá que es el mejor compañero y amante que usted podría tener. Jesús nunca lo dejará ni lo abandonará. Él es un amigo que se apega a usted más que un hermano.

Usted no necesita a ese novio desempleado y drogadicto que la ha estado usando y abusando de usted. Usted no necesita a esa novia que lo critica y menosprecia. Sáquenlos de su vida y conéctense a Jesús. Él cuidará de ustedes.

Mito No. 3: Felices para siempre

El tercer, y quizá el mito más común, y hay que tener cuidado de éste, es: el matrimonio me hará feliz.

Innumerables solteros caen en esa mentira, y piensan: “No estoy contento ahora como soltero(a). Pero si me caso, seré feliz. Después de todo, tendré a mi esposa, una chimenea y una vida maravillosa. Nos acogeremos en el sofá, escucharemos la música de Andrea Bochelli, Pavarotti y viviremos felices para siempre”. ¿Sabe cuál sería mi respuesta?

¡Despierte!

Un soltero infeliz, equivale a un matrimonio infeliz. Un soltero enfurecido, equivale a un matrimonio enfurecido. Un soltero insatisfecho, equivale a un matrimonio insatisfecho. Su actitud como soltero, será la misma dentro del matrimonio; pues éste no produce una transformación de vida o de carácter.

Jesús es quien transforma. La Palabra de Dios restaura, no el matrimonio. Éste no lo cambiará a usted ni a su pareja. Si su novio es un sapo antes de que se case con él, lo seguirá siendo después de que se case. Al responder: “Sí, acepto”, no lo convertirá en príncipe.

El cambio de carácter es producido por la obra interna del Espíritu Santo, independientemente del estado civil de la persona. Ya sea que esté casado(a) o soltero(a), si es necesario que se realice cambios dentro de su corazón, tendrán que ocurrir al meditar en la Palabra, al actuar conforme a ésta y al rendirse al Espíritu Santo. No existe otra manera de cambiar.

Mito No. 4: El matrimonio es para todos

A pesar de que la mayoría en nuestra sociedad finalmente se casa, es importante recordar que el matrimonio no es el plan de Dios para todos. Existen aquellos que, como el apóstol Pablo, tienen el don de la abstinencia. Eso sencillamente significa que para ellos no es una necesidad indispensable tener relaciones sexuales.

Tales personas pueden servir a Dios en el ministerio de una manera más excelente que las casadas, pues no deben ocuparse de las responsabilidades de una familia. En 1 Corintios 7:28, 32-34, Pablo plantea este tema:

Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca; pero los tales tendrán aflicción de la carne, y yo os la quisiera evitar… Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.

De antemano, debe percatarse que en su vida surgirán algunos problemas como resultado del matrimonio. Usted viviría en su fantasioso mundo, si piensa que sólo por tener una experiencia romántica —incluso espiritual— con su pareja, no tendrá problemas.

¡El matrimonio está hecho de problemas! Es una oportunidad continua para solucionar, y para vencer cada ataque del diablo. Si usted se casa pensando diferente, ya comenzó con el pie equivocado.

Por esa razón, Pablo les aconseja a aquellos que quieren entregarse por completo al ministerio del Señor que se mantengan solteros. Sin embargo, él expresa que si no pueden abstenerse de la pasión sexual: «…cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando» (1 Corintios 7:9).

No obstante, eso no quiere decir que deba casarse porque está quemándose con lujuria sexual. No, solucione ese problema antes de casarse, pues si se casa de esa manera, ¡se quemará después de casarse!

El deseo sexual que lo llevó a casarse; luego lo obligará a salir de su propio hogar a buscar relaciones de adulterio. Por tanto, soluciónelo ahora.

Tómese su tiempo

Tal vez responda: “Muy bien, pastor. Estoy listo(a). He entablado una relación sólida con Jesús. Él ha sanado mi corazón herido. Estoy feliz, saludable y quiero casarme. ¿Tiene otras palabras de sabiduría para mí?”.

Sí. Cuando escoja a su pareja, esté completamente seguro que obedece las instrucciones que Dios nos da en 2 Corintios 6: «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?».

En otras palabras, solamente cásese con un creyente. Aunque algunas veces es poco aceptable entre los solteros, éste es uno de los requisitos de Dios. No le busque una solución.

Si usted ha estado saliendo con un hombre que es “un poco salvo”, bebe, fuma y maldice un poco; entonces deshágase de él. Y que sea liberado de ese “poco” de actitudes. Usted no necesita casarse con esa persona. Espere que él sea en realidad salvo antes de casarse con él.

Incluso después, no se apresure. Tómese el tiempo de observar a su posible pareja con mucho cuidado. Las personas no siempre son lo que aparentan. Sólo porque aseguran ser cristianos, no les crea automáticamente.

En la Biblia se nos explica que por sus frutos los conoceremos. Entonces permita que el novio o la novia primero den fruto. Luego, dele un poco de tiempo para ver si éste perdura. No diga: “Bueno, dio fruto la semana pasada; por tanto, ¡nos casaremos la siguiente semana!”.

No, le aconsejo que le brinde al menos un año. Si ese joven todavía le abre las puertas, le envía flores, se preocupa por usted y no la ha presionado para tener relaciones sexuales después de un año, atrápelo ¡porque es una buena oportunidad! Si esa señorita todavía le habla con dulzura y lo trata con respeto después de haber salido con usted por un año, establezca la fecha del matrimonio; pues ella es por quien usted ha estado orándole a Dios.

Finalmente, así como se afirma en Colosenses 3:15: “Permitan que la paz… de Jesús gobierne (actúe como un árbitro continuamente) en sus corazones” [Traducción libre de The Amplified Bible]. Después de recibir a Jesús como su Señor, escoger a su pareja es la decisión más importante que usted toma. Así que no haga nada, a menos que sienta la paz de Dios en su corazón, y le diga que es seguro.

Permita que Él lo guíe, no se le adelante. Relájese y permita que su matrimonio se realice a la manera de Dios. No se apresure, ni cometa un error. Después de todo, “Hasta que la muerte nos separe”; es mucho, pero mucho tiempo.